Nuestro Escudo


Que representa nuestro escudo.

Orden.

El orden dentro y fuera de nosotros, es decir, en nuestras facultades (pensamientos, ideas, afectos, sentimientos, etc.) y en cuanto nos rodea y esté en contacto con nosotros; nos ayudará a realizar nuestros ideales y vivir mejor.
El orden mantiene estrecha relación con la limpieza y la disciplina; con la perseverancia y laboriosidad: es armonía, belleza interna y externa.

El orden requiere jerarquización de valores, lo que nos ayudará a concretizar nuestra persona, nuestro estudio y el sentido de la vida.


Trabajo.

El trabajo es una ley de la creación, elemento constitutivo de la existencia terrena que en medio de la fatiga y el cansancio, dignifica al hombre y a la mujer, porque entre otras cosas lo asocia a la obra creadora de Dios. El trabajo es dinámico: todo lo transforma, todo lo eleva, todo lo alcanza y es necesario no sólo para nuestra formación y desarrollo sino para contribuir a la incesante elevación cultural y moral de la sociedad. (Juan Pablo II 1981 p. 3)

Por eso, nuestro trabajo deberá ser serio y responsable porque es el fundamento de una vida de grandes obras y el habituarnos a el es necesario cumplir los deberes que Dios y la sociedad nos van marcando.

Por la vivencia del lema de nuestro escudo llegaremos a la meta con ORDEN, ALEGRÍA Y TRABAJO.


Alegría.

Es una cualidad interior de origen espiritual, está dentro de nosotros, por lo que somos nosotros mismos quienes debemos tratar de hacerla manifiesta.

Es la expresión más noble de la felicidad, la experimentan el hombre y la mujer cuando se hayan en armonía con la naturaleza y sobre todo en el encuentro, la participación y la comunión con los demás. Conoceremos la alegría y felicidad espirituales cuando nuestro espíritu esté unido a Dios y alejado del pecado. (Pablo VI 1975 p. 5)

Si cada día descubrimos lo que la vida nos ofrece y valoramos lo que poseemos; si nos damos cuenta que tenemos a Dios dentro de nosotros, que somos sus hijos, que estamos hechos a imagen y semejanza suya y que nos ama tiernamente, viviremos la verdadera alegría.

La actitud de la alegría es necesaria, pero es bueno recordar que para el cristiano, como para Jesús, se trata de vivir la alegría humana que el Creador puso a su disposición, en acción de gracias al Padre. (Pablo VI 1975 p. 13)


El Sol.

El sol representa a Dios, centro y meta de la vida del hombre. Es el IDEAL supremo para cada uno de nosotros. Su calor nos vivificará y dará la fuerza para luchar cada día por perfeccionarnos como personas hasta llegar a configurarnos con Él.

Su luz nos hará entender las cosas y la inteligencia estará dispuesta a perfeccionar la naturaleza para bien del hombre.

El color anaranjado del Sol simboliza la acción y el trabajo; vitalidad, calor y entusiasmo, todo lo cual matizará la existencia y llenará el alma de bellas ilusiones que alentarán nuestra vida de estudiante proyectándolo a un futuro como profesionista, técnico o la vocación a la que Dios nos llame.

El plano amarillo en que está el Sol representa la sabiduría, creatividad, novedad, alegría y apertura necesarias en la educación de una persona.


La Estrella.

La estrella siempre marca una ruta. En nuestro escudo, simboliza a María, Madre de Dios y Madre nuestra; Ella nos guiará siempre hacia Cristo su Hijo, nuestro hermano, Redentor, Maestro y Amigo, y colmará nuestro corazón para mantenerlo siempre en eterna juventud.

Su luz nos llevará a hacer vida lo más bello, lo más puro, lo más noble y lo más perfecto.

Su sombra maternal se proyectará en todas las actividades llenando nuestra vida de dulzura y de paz. La estrella también simboliza la vocación. Debemos seguirla para no perder la ruta y realizarnos como seres humanos y como hijos de Dios.


El Color Azul.

El color azul de la estrella significa calma, armonía, satisfacción, religiosidad, tranquilidad y sensibilidad.


El Color Blanco.

El color blanco que le sirve de fondo es símbolo de pureza.


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